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PRESENTACIÓN DEL LIBRO “KANTUTA ROJA” DE FELICIANO MEJÍA HIDALGO. Por Luis Arias Manzo |
| Valor: US $ |
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Descripción:
Nunca imaginé que el destino, o la gracia del cielo me pondría en el camino de este poeta del mundo, guerrero de tantas batallas a través de los siglos y combatiente eterno por la vida. Nunca se me pasó por la mente cuando conocí a Feliciano Mejía Hidalgo en un encuentro de escritores en Huaraz [Perú] hace dos años, que la magia de la existencia nos iba a hacer cabalgar juntos algunos trechos de la ruta. Tampoco lo imaginé unos meses más tarde cuando este guerrero de la luz vendría a Chile para ayudarnos a protestar contra la repudiable presencia de George W. Bush en mi país.
Fue para la ocasión del primer Foro Social Chileno cuando juntos tomamos el camino del cementerio. El quiso ir hasta Melipilla, mi pueblo abandonado entre el polvo y el olvido, para rendir un homenaje a un combatiente asesinado en noviembre de 1973 luego del sangriento golpe de estado de ese recordado martes 11 de septiembre de 1973. Martes 11 de septiembre emblemático para la conciencia colectiva, no sólo por la caída en combate del Presidente Salvador Allende, sino también por lo que sucedería 28 años después.
Mi amigo Patricio Rojas fue uno de esos soldados por la vida que mueren con la frente en alto. Mi compañero tan joven como yo en aquellos días, fue fusilado una fría mañana de noviembre; su venganza fue morir sin chistar, la mirada fija y desafiante contra sus verdugos.
Nos quedamos allí regocijados, sigilosos y algo afligidos frente a la tumba durante algún tiempo, mientras el viento nos acompañaba con sus sonetos lejanos que hacen vaivenes en el cielo.
Ha pasado el tiempo presuroso mientras la cabalgata se desarrolla, cada cual en su realidad, siempre por la vida, et nous voilà, otra vez rumbo al cementerio.
Quien hubiese sospechado siquiera, cuando estábamos allí arrodillados frente al misterio de la divinidad, que hoy estaríamos nuevamente arañando en la inmensidad de la vida y de la muerte. Ahora yo tratando de estar a la altura para homenajear con mis palabras la muerte de un poeta asesinado. Otro guerrero ultrajado por las bestias.
Feliciano Mejía Hidalgo dedica este libro a un hombre, poeta y guerrero de la luz, vilmente torturado y asesinado allá en el Perú, con estas palabras:
A ti, en la Hoguera, en la Aldea, en la Calle, para que sigas cantando y danzando nuestra eterna melodía.
Los hombres somos dueños de nuestro albedrío, hacemos y deshacemos a nuestro antojo y construimos el mundo que tenemos. Unos aman y otros odian, unos masacran y otros defienden la vida, así vamos por el callejón de la existencia humana construyendo el amanecer mientras los otros destruyen la esperanza. Así estamos hoy nuevamente unidos en la causa de nuestro hermano luchador asesinado James Oscco Anamaría.
Cuando soplaba el viento sus melodiosos sonetos en el cielo de Melipilla, nunca imaginé que un año más tarde nuevamente nos arrodillaríamos en el cementerio ante un guerrero de la luz. Esta vez, un amigo y compañero del autor de este libro escrito con sangre de la más roja.
Tiene razón Juan Pomponio cuando dice: “Tu muerte no será en vano querido poeta. Gritaremos para que tu nombre no caiga en el humo del olvido. El canto de los poetas recorrerá las calles para mostrar el espanto generado por las bestias”. Tuvo razón porque ya soplan aires por los cuatro rincones del planeta para repudiar a los cobardes asesinos de nuestro héroe, aires que se transformarán en verdaderas tormentas, porque los poetas del mundo haremos alquimia de la palabra y la convertiremos en fusiles para el pueblo. Porque los poetas del mundo no dejaremos de visitar ningún barrio para llevar la palabra allá donde tiene que ser escuchada.
También tuvo razón Feliciano Mejía Hidalgo en dedicar Kantuta Roja a nuestro poeta mártir, y a todos los presos políticos y prisioneros de guerra del Perú, la tuvo porque este libro de versos gruesos y fuertes, aguerridos y ardientes, a veces fríos, hasta escalofriantes, es testimonio del misterioso fantasma que habita tras la lucha de los hombres y de los pueblos. En él dialoga el pasado con el presente en prisiones de mil años de encierro, dialogan los llanos costeros del Perú con las cumbres de los Andes, dialoga el Sur con el Norte, la aglomeración con la selva. En él dialoga la vida y la muerte.
Sin odios dialoga el guerrero: “Sobre el caído enemigo ella deja lágrimas de odio dulce”.
“Sube a nacer conmigo hermano” escribió Neruda allá, en Machupicchu, inclinado ante el dolor centenario del Inca. Parece historia de nunca terminar. Ahora los poetas del mundo decimos en coro: Sube a renacer con nosotros hermano Oscco y tráenos el aliento que nos falta para seguir en el combate y dadnos la paciencia para soportar tanto encierro en prisiones mil veces transitadas.
Ariasmanzo [Luis Arias Manzo]
http://www.poetasdelmundo.com/verInfo_america.asp?ID=377 |
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