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![Hermanando poetas y fronteras [antología] por Jorge Etchverry](/news/photos/etcheverry.gif) |
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Hermanando poetas y fronteras [antología] por Jorge Etchverry |
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Descripción:
Las fronteras no son cosas de pueblos o naciones, sino de estados. Entre nosotros, son producto de conquistas. A lo largo de la historia las naciones conquistadoras ven cómo se extienden sus límites hasta engullir a otras cuya documentación llevará su sello y cuyos recursos materiales y humanos realzarán la producción y estilo de vida del país conquistador, y llenarán sus arcas.
En el imperio británico las burocracias que administraron sus colonias en los cuatro extremos del mundo aplicaban sus estructuras administrativas, hablaban su lenguaje, producían castas de funcionarios. Insitos en el radio de influencia del imperio americano, el único que va quedando, el inglés cierne sus alas abarcadoras de presunto idioma universal para los negocios, mientras el sistema neoliberal nos escalona en una pirámide descendente cuya cumbre desaparece entre las nubes de la opulencia que nuestras masas enajenadas vislumbran a través de los medios de comunicación. Nuestras naciones fueron artificialmente divididas en el siglo XIX al retirar el ruedo de su falda el imperio de turno. Desde entonces las potencias interesadas, sus empleados y clientes en nuestros países, han mantenido vivo el rescoldo de la rivalidad entre nuestras naciones, a veces bajo la máscara del más auténtico nacionalismo. No por casualidad a fines de los setenta, cuando en el Cono Sur se enseñorean los militares conservadores, neofascistas y nacionalistas, casi estalla un conflicto que hubiera abarcado a Chile, Argentina, Perú y Bolivia. Por otro lado, es difícil pensar en un gran poeta latinoamericano que no sea visto como poeta continental, latinoamericano, por los mismos pueblos que a veces parecen acecharse recelosos desde lados opuestos de fronteras comunes. Valga mencionar a Neruda, Mistral, Guillén, Vallejo, Dalton, Paz, Beli y Benedetti. Es que pareciera que en cuanto a poesía hay en juego otros presupuestos.
Esta antología se inscribe en este contexto, que combina la unidad, o mejor dicho comunidad de la América al Sur del Río Grande, con un propósito que puede denominarse ‘progresista’, sino fuera porque en nombre del espejismo del progreso se han organizado las esclavitudes modernas y las devastaciones ecológicas. Que esa palabreja ha descaminado a más de un proceso revolucionario, encandilado quizás secretamente por los resplandores de los estados capitalistas avanzados. El continentalismo ha estado proscrito ya desde los tiempos de Bolívar. Está en el orden de los tiempos que nuestros países sobrepasen las barreras institucionales y políticas del presente y los intereses de los grupos de presión, cuando pasa que Bolívar se vuelve a insinuar en el horizonte. Los autores hermanados en Hermanando son nacionales bolivianos y chilenos, en una antología que, según el prologuista, César Verduguez Gómez “reúne a poetas de dos naciones”.
Esta breve muestra de poetas de ambos países, que sorprende por su calidad y variedad, incluye a Konzuelo Villalobos Sanzetenea; Armando Uribe;María Joaniquina; Eduardo Llanos Melusa; Silvia B. Quiroga; Teresa de Jesús; Jorge Ayala Zelada; Ariasmanzo; Judith üstariz Arandia; Marcelo Mallea; René Rivera Miranda; Paz Molina; Rubén Pedro Balcazar; Genaro Albaino; Norma Mayorga; Mario Markus; Maricruz Baya Claros
Juan Pablo Huirimilla Oyarzo; Carlos Vargas Guevara; Jorge Montealegre; Rosse Marie Caballero Vega y Elías Letelier.
Sería injusto para mí tratar de situar a los autores en el contexto institucional poético de sus países, por mi mayor familiaridad con la poesía chilena, pero respecto a ella puedo mencionar que poetas de diversas generaciones y tendencias poéticas, del interior y el exterior han acudido a este llamado de poesía, solidaridad y rectificación histórica y cultural: el continentalismo ausente, una parte de la utopía que brilla por su ausencia es un tema recurrente en este libro, Konzuelo Villalobos Sanzetenea, abre el poemario con Atlas del Sur:
“la noche está apostando en este duelo Y es el gran Atlas y una búsqueda del tamaño de una pregunta bordeando el perímetro accidentado de este sueño'
Se trata de una pregunta que a la vez es una empresa, cuya respuesta se va configurando a medida que se avanza en la praxis congnoscente del poema, que simboliza o analogiza la práctica histórica de la construcción del continente unitario, que míticamente subyace a la historia que se inicia “desde la peluca y la casaca” nerudianos, y es hipostasiado en el pasado precolombino indígena. “Bolivia y Chile son dos siameses cocidos en la altura y en lo profundo, dos naciones nacedoras del mismo parto y el mismo grito. Bolivia y Chile son hijos de sí mismo indígenas, previos a ellos y a sus nombres”, afirma el prologuista en las primeras líneas del libro, que termina con una variación que también tematiza lo precolombino
Memorata
Memorata Del Huemul, sólo nos queda un zapato sin cordones, en un museo, y un gran cementerio de carteras.
Lo que quizás puede señalar este poema de Elías Letelier es la salida del gran mito de la unidad precolombina de América, ya periclitado, para abrirse a otras posibilidades, ya que como dice Eduardo Llanos Melusa, “Jamás hemos/conocido otro milagro/que la multiplicación de/los precios del pan y los peces/y ningún infierno nos inquieta tanto/como la transmigración de las armas/desde los Estados Unidos del Norte/hasta los estados desunidos del sur”, lo que en el entramado de la constelación significativa plasmada en esta antología nos conduce fuera del mito paradisíaco precolombino, hacia la escisión imperial fundacional de América, perpetuada hasta nuestros días en otra versión del conflicto/interdependencia de los dos hemisferios, en la medida que el Norte explota y domina, pero vive gracias, al Sur.
La división en tanto impuesta al estado originario pleno y unitario, del hombre como especie distinta, pero también [quizás] como naturaleza, denota una cierta universalidad humana, americana digamos, recordemos las dos historias de Neruda, la ab[original] y luego la degradada posterior a la llegada de los españoles a América, la de la metonimia que separa al hombre del hombre y de lo natural, y contrapone a los ‘ríos, ríos arteriales’ y la ‘peluca y la casaca’ de esa historia degradada que hay que remontar, destruyendo la “muralla lastimada de sombra/de granito y cal y canto/manchada de sangre inocente” en las palabras de Judith Ustariz Arandia La conciencia es el camino de la liberación, de la superación de los elementos divisorios en la concepción [entretanto imaginaria y prospectiva], de la utopía, en este hegelianismo mítico, cuando la misma poeta nos dice que “ya los diques de cemento no espantan/ante la conciencia emancipada”.
Y existe el combate implícito, ya que esta muralla no sólo divide a los países del continente, sino a las clases en los países, y a los países dependientes de los metropolitanos. De ahí aparece el líder que encarna el combate y su identificación con la figura del Cristo, la parte mimética, el disparador e impulso de la lucha revolucionaria en la mente colectiva, “Naciste líder valiente/en cuna del “tercer mundo”, y más adelante, “Tu figura y tu semblante/me recordaron a Cristo”. Y luego será el verbo, la expresión de este entramado ideológico y mítico, situado a la manera de la poesía, entre la expresión conceptual y lo imaginario, guía antes que para la acción, para la disposición, si se quiere, espiritual, que ese verbo transmite y empatiza: “en el principio fue el verbo,/el verbo se hizo eco,”, luego “el verbo se hizo poesía”, nos dice René Rivera Miranda, y Marcelo Mallea pide un vocabulario para nominar objetos y procesos en el poema Palabras. La tarea del poeta la describe Paz Molina:
Para construir aquel mundo inexpugnable se dan cita los poetas en el crepúsculo de sus venas abiertas nace la esperanza de América Latina.
Se trata, entonces, de la superación de las divisiones, un poco de la vuelta a la condición primigenia, sin separación ni aislamiento, de hombre con hombre y hombre y naturaleza–predicada a través del verbo que se sitúa a medias entre lo pragmático [que la hace entendible] y lo mítico, que nos mueve e impulsa [¿a la acción?]. El poeta entonces, es el restaurador. Yendo más lejos y avanzando a paso de ganso por las mediaciones, el poeta canta a la revolución.
El mar es la sed de la reivindicación histórica justificada de Silvia B. Quiroga, en Sed: “Lejos del plancton y el coral/quemo mis labios con la sal/de una impostergable sed marina”. Pero no simboliza tan sólo la reivindicación del pueblo y los poetas hermanos, la intención y el deseo de la abolición de las fronteras, al menos en la América que se quiera quizás bolivariana, sino que representa también la desposesión que es el la garantía del uso y disfrute de la naturaleza, pero también de la comunión con ella, ya que, como dice Ariasmanzo, “El mar es de nadie y es de todos”
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